sábado, 1 de octubre de 2011

Último momento: Papá Noel accidentado

El hospital estaba desierto. Eran las 0:10 horas del 25, pleno festejo de Navidad. Sólo un par de médicos rezongones por tener que estar ese día trabajando habitaban el lugar. Entramos todos corriendo y se asomaron los profesionales que estaban de guardia. Obviamente no se sorprendieron de tener que atender un paciente por un accidente con pirotecnia, lo cual es muy habitual para esas fechas. Sin hacernos ningún tipo de pregunta empezaron a revisarlo y sacarle el traje. Fue todo muy confuso, rápido y descontrolado, sin resaltar lo patético de la situación con un hombre borracho disfrazado de Papá Noel y, encima, lastimado. El doctor no pudo disimular reirse ante esa imagen tan particular.

Marcos estaba inconsciente, no podía saber cómo se sentía ni qué le dolía. Diciéndonos que nos tranquilizáramos y esperáramos en la sala, se lo llevaron a una habitación para atenderlo correctamente. Llamamos a la casa de mis tíos avisando que ya lo estaban atendiendo y nos sentamos en unas sillas que nos sostuvieron por un par de horas.

Yo no sabía si reirme o llorar. Si pararme e irme por lo boludo que había sido Marcos o empezar a rezar con todas mis fuerzas. Joaquín me contuvo y me aseguró que todo iba a estar bien. Mi viejo estaba re caliente con Papá Noel, Navidad, las fiestas y todo; quería mandar todo a la mierda, y a mi me ponía más nerviosa. Recorrimos el pasillo de ida y vuelta cientos de veces mientras entraba más gente herida de manera similar al boludo de mi marido. Entrando en confianza con el lugar empecé a charlar con familiares de otros accidentados y compartíamos los sentimientos de la situación.

Mi panza no daba más, no veía la hora de que todo haya terminado y bien y poder irme a mi casa a descansar. Me había arruinado la fiesta y tenía miedo de que tantos nervios me jugaran en contra a mi y al bebé. Esperando, Joaquín se quedó dormido en una silla y mi viejo se tomó como una jarra de café.

Cuando llegó el doctor que se lo había llevado me levanté de un salto.
'¿Familiares del Papá Noel accidentado?' - preguntó chistosamente en voz alta a la sala.
Tímida, pero rápidamente salí corriendo a conocer las nuevas noticias, mientras el resto de las personas largaban sus carcajadas burlonas.

sábado, 17 de septiembre de 2011

Querido Papá Noel

Con las copas en alto dijimos los últimos deseos para ese año que se iba. Estábamos listos para renovar las energías y afrontar otro nuevo año, que pronto comenzaría. Agradecimos estar todos juntos, sanos, unidos, en la dulce espera de un nuevo integrante. Y brindamos, chochos de la vida, uno por uno nos saludamos deseándonos lo mejor y diciéndonos cuánto nos queremos.

Conociendo a Marcos no me extrañó lo que hizo. Sólo él sabía de ésto. En medio del brindis, cuando se empezaron a escuchar los primeros fuegos artificiales, él se fue adentro de la casa de mis tíos, donde estábamos festejando Navidad, y después de un rato salió disfrazado de Papá Noel. Imaginensé las carcajadas de todos ante ese trucho Papá Noel que venía, para colmo, sin regalos. O eso creíamos.
Salió corriendo a la calle, gritando como un loco, parecía borracho, y empezó a saludar a todos los vecinos, deseándoles feliz navidad y haciendo el típico 'jojojo' a todo el mundo. Nosotros nos reíamos y avergonzábamos al mismo tiempo. Afortunadamente los niños de la familia ya conocían el verdadero origen de los regalos y no se llevaron ninguna decepción.

Todo venía genial, ya estaban preparando las copas con helado para todos y los chicos ya estaban abriendo las garrapiñadas, cuando Papá Noel nos trajo el regalo. Típico de Marcos, se quiso hacer el gracioso y esta vez le salió mal. Agarró una de esas bombas de estruendo, pero de las potentes y se fue al medio de la calle. La prendió y empezó a jugar, dando vueltas, saltando, haciéndose el valiente. Al principio nos reíamos, pero mientras pasaba el tiempo y veíamos que no la tiraba, le empezamos a gritar que la tire, que no sea boludo, que se iba a lastimar.

Pasó todo en un segundo. La bomba de estruendo explotó, pero Marcos no llegó a tirarla. Salimos corriendo al medio de la calle a los gritos, los vecinos se acercaron y alguno se avivó y llamó a la ambulancia. La felicidad se fue a la mierda y tuvimos que salir todos corriendo al hospital más cercano. Los chicos se largaron a llorar y mi abuela estuvo a punto de descompensarse. Así como estábamos dejamos todo y salimos.

Mientras las familias disfrutaban de la fiesta en paz y tranquilos, yo cruzaba media ciudad para curar a mi marido. Me esperaba lo peor. ¿Y si le había dañado alguna parte importante? No podía ver nada, entre el traje de Papá Noel y las manos negras de él no distinguía las heridas. Tampoco me dejaron mirar mucho, dado mi estado y en las circunstancias en que había pasado todo. Me acompañaron mi viejo y Joaquín, mi primo. No paraba de putearlo y preguntar cómo estaba él.
Llegamos, corriendo encontramos un médico y le contamos lo que había pasado. Ahora sólamente quedaba esperar...

miércoles, 31 de agosto de 2011

Jojojó, ¿feliz? navidad.

Pan dulce, sidra y ensalda de frutas. Pollo, pan y gaseosas. Confites, maníes y budín. Golosinas, helado y sandwiches de miga. La mesa estaba repleta de comida y una mesa larga tan habitual como encantadora nos estaba esperando, irradiaba luz. El mantel rojo a cuadros resaltaba con los platos blancos y limpios, relucientes de limpieza, esperando a ser manchados con la mayonesa de ave que los chicos iban a disfrutar.
No pude evitar hacer un balance del año que estaba terminando y que había vivido con tantos altibajos. Pasé de la alegría al llanto como de la tristeza a la felicidad. Hice todo lo que podía hacer y me pasaron las mejores cosas que me podían pasar. Sufrí, salté, corrí, bailé, salí, y me convertí en futura mamá. Quedaba mejor regalo que ese para Navidad?

La fiesta que más me gustaba celebrar estaba a punto de empezar. Me acordaba cuando con Marcos armamos el arbolito y decoramos la casa, igual que todos los años, pero esta vez era 'nuestra casa'. Ahí íbamos a pasar el resto de nuestra vida y era en ese lugar donde nuestro/a hijo/a viviría, junto a nosotros.
Como todas las navidades, en mitad de la cena dejo de comer y los miro a todos, uno a uno y sonrío con cada uno recordando las cosas que vivimos juntos durante ese año. Es un secretito mío, nadie lo sabe ni lo nota. Mis ojos giran y saltan de silla en silla, rebosantes de ansiedad sabiendo que en la próxima habrá una sillita más y nuevos recuerdos van a aparecer, los mejores seguramente.
La música sonaba de fondo, dándole el toque especial al clima que estábamos viviendo. El calor nos estaba sofocando a todos, pero la brisa que corría por las calles nos refrescaba un poco el cuerpo. Niños corrían por las calles con estrellitas y tirando algunos cuetes, festejando la tradicional fiesta.
No podía faltar el momento de las lágrimas con el brindis, previo a la medianoche, en el cual cada uno expresaba algunas palabras para todos, alzando la copa y dejando escapar un dejo de nostalgia por otro año que se iba. Sin lugar a dudas es la fiesta más familiar de todas y, en especial a la mía, nos encanta compartirla juntos, unidos como nunca podemos en el año.
Tías, tíos, sobrinos, abuelos, ahijados, padrinos, madres, padres e hijos hacen de mi familia el mejor refugio que puedo tener en el mundo y los tenía ahí a todos juntos, disfrutando un poco de cada uno.

Sin embargo y para arruinar una noche perfecta, la tragedia nos dio una visita cuando llegó el turno de gritar 'FELIZ NAVIDAD'. ¡Qué regalo te mandaste Papá Noel!

viernes, 12 de agosto de 2011

Estamos con lo justo

'Esto viene de hace tiempo, pero no te quería decir nada porque ya tenías demasiado. La cuestión es que te vi tan contenta con la pieza para el bebé que no te pude decir que no y me la tuve que aguantar solo. Si bien no es para tanto, ya los ahorros se terminaron y se vienen las fiestas, más el nacimiento en 2 meses que acarrea muchos más gastos, se complica muchísimo. No te pongas mal, voy a hacer todo lo posible para que no falte nada y nos podamos dar todos los gustos. Por supuesto que al bebé no le va a faltar nada, porque hacemos todo para él, o ella. Pero ya no me puedo aguantar más y necesito compartirlo con vos. Es para que veamos cómo podemos llevar esto adelante los dos juntos y empezar a poner un poco el pie en el freno, nada más. Estamos con lo justo.'

No me lo esperaba. Si bien no éramos ricos, teníamos un buen pasar y nos podíamos dar algunos gustos que mucha gente, por ahí, no puede. Yo no me había dado cuenta hasta ese momento lo rápido que se iba la plata y no tomé conciencia de que los ingresos mensuales venían de un solo lado. Pensaba que pronto todo volvería a ser como siempre, cuando retome el laburo y, a fin de mes, haya dos sueldos. Pero por el momento no podía hacer otra cosa más que reducir gastos al mínimo y necesario.
No quisimos contarle a nadie esto, sería otro problema del cual nos encargaríamos juntos y solos. Sin embargo, instinto de madre, noté que el entorno se empezaba a dar cuenta de que algo estaba cambiando y que no teníamos la tranquilidad de antes. El calendario se iba consumiendo y el año llegaba a su fin. Después de todo, no iba a poder pasar mi fiesta preferida como yo quería, pero tenía el mejor regalo que Marcos me haya podido dar: ser madre.
No hubo viajes de fin de año, ni regalos exclusivos para navidad. Los pocos que pudimos comprar para la familia fueron cosas sencillas, pero que afortunadamente gustaron a todos.

Pero esa navidad tuvo algo que no tuvo ninguna otra; algo que, por poco, se convierte en tragedia.

sábado, 30 de julio de 2011

Relax.. ¿relax?

Me lo tomé con calma, ya bastante movido había sido todo hasta ese momento. Pero parecía haber más. Las sorpresas nao tem fim. Por supuesto que lo primero que preguntamos era si estaba todo bien, no me podía perdonar si algo de lo que había hecho hubiese perjudicado al baby, pero por suerte todo seguía normal.

Me agarró otro ataque de locura, pero esta vez del bueno: preparar la pieza del bebé. Quizás quedarnos sin living, reducir el espacio del balcón, pero el bebé tenía que tener su lugar. Si bien el departamente no es demasiado grande como para agregarle una pieza, 4 paredes y un techo propio tenía que tener nuestro hijo/a. Así que me puse en plan de albañil y salimos a buscar personas que nos ayudaran con los materiales, las medidas, y que se pongan los sombreros de papel con forma de barco con nosotros.

Brocha en mano, me dediqué a los rincones, los detalles, los colores y la iluminación. Instalamos cuna, armario, luces y hasta una mesita con silla. La verdad que, por ser improvisado, quedó bastante lindo. Por supuesto que nos trajo unos buenos dolores de cabeza y sentíamos como la plata se gastaba tan rápido y en tal cantidad. Eso era otro tema. Yo sin estar trabajando y las cosas de bebés que tenían los precios por las nubes, sumado a la construcción de la piecita. Por suerte los abuelos, amigos, madrinas y padrinos que se sumaron ayudaron en todo sentido y eso se los voy a agradecer siempre. La fecha se nos venía encima, estábamos entrando en diciembre y la ansiedad se incrementaba tanto como la alegría. Empezaron a aparecer las decoraciones navideñas y los arbolitos adornados, síntoma de la inminente navidad, fiesta que tanto me gusta celebrar. No paraba de sonreir y llorar al mismo tiempo, la sensibilidad la tenía a flor de piel, estaba en la cima de la felicidad.

Pero como no todo es felicidad Marcos me enfrentó con la realidad de frente: 'Gorda, tenemos problemas económicos. Vení, sentate.'

domingo, 17 de julio de 2011

Renovada

Si, decididamente necesitaba volver a ser mi antigua yo. Las cosas con Marcos volvieron a ser tal como fueron hasta el ataque de locura. Pedí perdón a montones y a todo el mundo. Gracias a Dios me entendieron y perdonaron todos y todo. Volvía a sentir esa tranquilidad y seguridad que me daba el embarazo. De pronto todo volvía a ser de color de rosas. O celeste?

Moría de ganas de saber el sexo del bebé pero a la vez quería que sea una sorpresa. Tenía la intriga a flor de piel, pero imaginé que la sorpresa del momento iba a ser superior y preferí esperar. Todos elaboraban teorías al respecto. 'Va a ser varón, por la forma de la panza y aparte estuviste comiendo muchas nueces'. 'Seguro es nena porque no engordaste tanto'. Se generaron hasta apuestas respecto del tema y yo no podía hacer más que reirme.

Empecé a escribir todo, para tener un registro detallado y acordarme siempre de lo que había pasado durante ese hermoso tiempo de los '9 meses'. Con la ayuda de todos fui anotando lo que había pasado, lo que ellos pensaban cuando me vieron en ese estado que quiero olvidar siempre pero que ya forma parte de mi vida y, sobre todo, lo que Marcos esperaba, sentía, sus ilusiones, sus proyectos.
Todos los días nos levantábamos haciendo la cuenta regresiva. El médico ya me había dado la fecha: 14 de febrero. Si, justo el día de los enamorados, ¿casualidad? El calor de noviembre ya se hacía notar bastante y con una panza enorme me costaba dormir, vestir, salir a la calle, bañarme, todo. El placard lo tuve que reemplazar entero por ropa cómoda, llena de flores, me sentía una vieja, o como cuando los viejos usan esos pijamas estirados. Un espanto.
Marcos pensaba igual que yo con respecto a saber el sexo del bebé, así que seguimos adelante con que sea una sorpresa.

Me hacía ecografías como si fuera algo natural, rutinario, ya era como una costumbre. Le comentamos al médico que no queríamos saber el sexo, pero él ya lo sabía y siempre se reía cuando miraba por la pantallita. Un día nos dijo: 'el 14 de febrero no saben qué sorpresa se van a llevar'.

Lo miré a Marcos y él me miró a mí. ¿Y ahora que se viene?

jueves, 7 de julio de 2011

Recuperando la calma

El miedo se había apoderado de mi embarazo. Para colmo, empezaba el frío y los días se acortaban. Tenía todo el tiempo para mi, y para mi bebé. Me hacía las ecografías y todos los análisis que me tenía que hacer, eso era una regla. Los resultados los esperaba ansiosa siempre, imaginandome tanto lo bueno, como lo malo. Fue una época en la cual me separé un poco de Marcos, quiso tomar distancia porque a él tampoco le estaba haciendo nada bien. De un día para el otro la felicidad se había transformado en desesperación y toda la alegría había sido reemplazada por el miedo. La distancia entre Marcos y yo se hizo notar en todos lados: convivencia, sexo, familias, cenas, reuniones, compras y todo lo referido a los 9 meses que pensábamos compartir enteros y felices, disfrutando de este regalo de la vida. Yo tenía miedo que ese regalo fuese una bomba que en cualquier momento iba a explotar. O, peor aún, que yo misma iba a hacer explotar.

Mis viejos y mis amigos ya no sabían qué más hacer. Había completado una biblioteca de libros maternales donde todos decían que 'era la mejor etapa', 'el momento más feliz de tu vida' y demás clichés que ya estaba cansada de escuchar y nunca sentirlo, vivirlo, poder compartirlo y decir: Si, es lo mejor.
Me recomendaron terapia, cursos, viajes, descansar, internarme, todo. Pero a nada le veía algo bueno, ni nada que me fuera a hacer bien. Ese hijo lo tenía que cuidar con uñas y dientes y pensaba que cualquier cosa le iba a hacer mal. Llegué al punto de no permitirle a Marcos que lo vea, que lo sienta, que me toque la panza y sienta las pataditas. La panza ya estaba enorme y quedaban sólamente 3 meses.

Afortunadamente, para la semana 25 y tal como una vez cambió todo de un día para otro, volvió a pasar. Me empecé a sentir mejor, más tranquila, más sana y segura. Dejé todos esos fantasmas encerrados y en el pasado y recapacité ante mi presente, lo que estaba viviendo y que, de una vez por toda, lo tenía que disfrutar. Me aboqué a la religión y sentí que era mi refugio, mi lugar donde encontrar la paz que no sentía hacía mucho tiempo. Las cosas con Marcos empezaron a estar bien nuevamente y retomé el contacto familiar y amigo que me hacía falta. Escuché consejos, salí a caminar, me tomé las cosas con calma y volví a sonreír. En ese tipo de situaciones es cuando realmente te das cuenta quiénes SIEMPRE van a estar al lado tuyo, a pesar de todo.