Cuando sentía que ya no tenía más nada porqué preocuparme porque el tema de Carolina se había solucionado, Marcos estaba mejorando con el tema del brazo y se respiraba paz y armonía en toda mi familia, mi cuerpo me pasó factura de todo lo que me había estado pasando esos últimos días. Mi año todavía tenía menos de una semana para terminar pero una preocupación más en la cabeza: empecé a sentir dolores en la panza.
En realidad venían de hacía un tiempo, pero al ratito se me pasaba y no le daba importancia. Me protegía la culpa diciéndome que seguramente era por la posición del bebé, algo que había comido o que la ropa era muy ajustada, nada muy grave. Pero un día me desperté a la mitad de la madrugada sintiendo un dolor muy fuerte en el vientre y ésta vez no me podía salvar con nada, realmente era fuerte. Y me preocupé mucho.
Me retorcía en la cama y hacía fuerza por no gritar, pero lo terminé despertando a Marcos por la desesperación que me agarró. Él no entendía nada, me cagó a pedos por no haberle contado los hechos anteriores y como pudo me cambió, agarró un bolsito y salimos para el hospital.
Con una mano manejaba, la sana, y con el yeso me acariciaba la panza y trataba de tranquilizarme diciéndome que todo iba a estar bien. Yo del dolor más de una vez le apreté la muñeca sin darme cuenta y hasta llegué a morderle la punta de los dedos. Él se la bancó sin chistar y me ayudó en todo.
Ya casi que nos habíamos hecho amigos de los médicos y las enfermeras porque últimamente habíamos ido al hospital bastante seguido. Me atendió una doctora hiper-dulce, súper tranquila, de esas que viven la vida en primera, siempre en slow y con toda su vocecita después de revisarme bien me dijo: 'Mirá, no es nada, son tus primeras contraccioncitas, ¿si? No hay nada de qué preocuparse, es normal. El loquito o la loquita está con ganas de salir, jijiji.'
En mi estado no pude más que sonreirle y agradecerle; me tenía que bancar los dolores. Le conté que tenía fecha para febrero pero me dijo que es muy frecuente el nacimiento de sietemesinos, sobre todo a causa de stress o algún accidente que induzca la rotura de la bolsa, etc. Apenas me dijo esto la llené de preguntas acerca del estado de salud de los bebés sietemesinos, si tienen una vida normal, si alcanzan el desarrollo suficiente, si le afectaba en algo la calidad de vida y muy tranquila no me quedé.
De todas maneras no me podía ir a mi casa, así que decidieron internarme por lo menos hasta el día siguiente. Juro que esa noche soñé que paría..pero que el final no era feliz.
Erotica Audiobooks
Hace 3 años