jueves, 24 de marzo de 2011

Náuseas, vómitos, mareos y dolores de cabeza

Para terminar de sacarle a la doctorcita de la cabeza, cuando llegamos a casa, le hice un gestito cómplice y nos fuimos directo a la cama. En ese momento me empezó a doler la panza, tenía mareos y sentía el estómago revuelto. Pero pensé en seguir adelante con mi plan.

Estando encima de él, en medio del acto, no aguantaba más. No lo estaba disfrutando, estaba desconcentrada, como en otra. La cabeza me daba vueltas, me subían y bajaban cosas por dentro y, casi sintiendo que iba a explotar como un volcán la cena de esa misma noche, salí corriendo tapándome la boca con la mano.
Llegué con lo justo al inodoro y lancé todo. Marcos me gritaba desde la cama si estaba bien, si necesitaba algo, qué qué podía hacer él. Y yo seguía con el volcán interior que parecía no parar.
Medio renegando, y cansado, se levantó, se puso el calzoncillo y me fue a buscar un vaso de agua y me tranquilizó con caricias, diciéndome que me calme, que todo estaba bien. Sin preocuparme, sabiendo que los primeros meses eran los peores y que estas situaciones se iban a repetir bastante seguido, le agarré la mano, sin decir nada, esperando a que pase.

A los minutos, estaba sentada en medio del baño, con los pelos revueltos, cansada, me lloraban los ojos de hacer fuerza y tenía un sabor espantoso en la boca. Desnuda, abatida, me paré, empecé a sentirme un poco mejor, me miré al espejo y me empecé a reir. La escena dejaba mucho que desear. A partir de este momento si buscaba la seducción, no se me iba a borrar nunca la imagen en el espejo. Nunca había estado peor.

Me sequé la baba, me lavé los dientes, me arreglé un poco y me vestí. Lo que antes había sido el intento de un encuentro sexual, ahora se había transformado en una pieza de enfermo. El tecito en la mesa de luz, la frazada por el frío, la almohada para estar mejor y el silencio absoluto para no molestar. No quise tomar ninguna pastilla, aspirina o algo que se le parezca, por las dudas. Más aún en los primeros meses. Si las cuentas no me fallaban, estaba entrando a la séptima semana de embarazo. Tenía que tener fuerzas, ya que, según me habían dicho, en mes, mes y medio iba a empezar a poder disfrutar, por fin, de todo lo que me estaba pasando. Las náuseas y demás síntomas quedarían en el recuerdo como anécdotas divertidas.

El santo de mi marido, que se quedó caliente, decidió dormir en el sofá para no molestarme y que tenga todo el espacio en la cama que necesitara. Pasó frío, estuvo incómodo y no durmió bien.
Al otro día me sentía un poco mejor, pero todavía quedaban muestras de la noche que había pasado. Estábamos en el auge del otoño y Marcos se resfrió. Ahora los dos necesitábamos más mimos que nunca.

A eso de las 5 de la tarde, cuando los dos volvimos de trabajar, volvió a sonar el teléfono de Marcos anunciando una llamada de Carolina. Y ahora, ¿qué quería?

lunes, 14 de marzo de 2011

Marido al rescate.. de su ex

Esa noche estaba medio fresco, así que agarré una camperita y me la puse sobre los hombros. A Marcos lo noté tranquilo, como si tuviera que hacer un trámite. Yo me comía las uñas de la ansiedad, quería ver qué fue lo tan trágico que la llevó a la yegua a llamarlo a él y sólo a él en medio de la noche por un choque con el auto. ¿Tan grave podía ser?.

Durante el camino preferí no hacer preguntas y me limité sólamente a escuchar las canciones de la radio. De todas formas lo miré de reojo varias veces para verle la cara. Pero seguía igual, ni preocupado, ni contento, ni exaltado ni conmovido. Estaba igual que siempre, tenía cara de foto de documento. Hasta llegó a canturrear algunas estrofas de las canciones.

Cuando llegamos ya se habían acumulado un par de espectadores y yo, ante la impresión, preferí quedarme en el auto. Por lo que llegaba a ver, había chocado contra un árbol, le había saltado el air-bag y se trabaron las puertas. Entre la gente no salió ningún hombre con la medalla de héroe a salvar a la pobre (¿pobre?) mujer atrapada y Marcos, sin pensarlo, agarró un ladrillo o un pedazo de vereda que encontró, rompió el vidrio y la sacó como se sale en las películas, en plena explosión, con el machote agarrándote tipo sillita y vos shockeada, con cara de espanto, pero con el pelo divino y sin una manchita en la cara o el rimel corrido.

Dado que ya 'había pasado lo peor' decidí bajarme y poner un poco de orden. Después de todo, ese hombre tiene dueña y esa era yo. La saludé cordialmente y le hice las típicas preguntas tontas que se hacen en ese tipo de situaciones. '¿Estás bien? ¿Necesitás algo? ¿Qué pasó?' Ante todo la educación.
Pero parece que la boluda venía hablando por celular y maquillándose un poco (¿a esa hora? Al final yo tenía razón, iba por un chongo) y las dos neuronas no se le pusieron de acuerdo y perdió el control del auto y fue a parar contra semejante tronco. Le saltó la bolsa de aire y se trabaron las puertas. En ese momento no quiso asustar a los padres y pensó que sus compañeros de trabajo o los mismos amigos podrían estar con sus respectivas familias, descansando o cenando. El que quedó en la lista de llamados en caso de emergencias parece que fue Marcos y ahí cayó él para seguir sumando puntitos y estrellitas doradas en el buzo de policía y soldado de la nación, recibido con los mejores honores.

Al ratito nos tuvimos que despedir, ya se había solucionado todo, pero la bronca en el medio de la garganta la tenía que descargar. Así que le dije 'Tené más cuidado la próxima, eh. Que mi marido no va a estar siempre y es preferible llegar sin maquillaje pero con la cara sana. Fijate que te acaba de salir un grano en el medio de la frente y te cortaste con un vidriecito el cachete. Una pena, divina.'
Marcos me fulminó con la mirada, pero yo le sonreí y le di un beso. También de película.

martes, 1 de marzo de 2011

El martes es un día de trampa

'¿Qué quiere la estúpida esa? Gato barato'
'¿Eh? ¿De qué hablás? ¡Dame el celu que me están llamando!'
'Es Carolina, ¿vas a atender igual?'
'¿Carolina? ¿Que querrá? Por ahí le pasó algo..'
'¿Por ahí le pasó algo? A las 11 y media de la noche de un martes te llama porque "le pasa algo" ¿Qué le puede pasar? ¿Se le cayó el chongo de turno y ahora prueba con vos?'

A todo esto el teléfono seguía sonando. Era una guerra planteada. O ella o yo. Yo lo veía así. Si atendía, la elegía a ella y no pensaba en que me podía molestar, en lo que se me pasaba por la cabeza o cómo lo veía yo. ¿Acaso él no se daba cuenta que era una batalla? ¿Cómo no conocer la eterna batalla ex-actual? No hay tregüas ni 'por ahí le pasó algo'. Todos tenemos a alguien que nos acompañe cuando necesitamos ayuda, antes que un ex. Por más fuerte que haya sido la relación, vas a acudir antes a un familiar, amigo, compañero de trabajo o vecino. Si llamás a un ex puede ser por dos motivos: o querés seducirlo y que pase algo o joder a la actual, que encima está embarazada. Es así. Pero él parecía no saberlo. Es tan inocente o se hace el boludo y le sale bien. Pero a mi ese jueguito no me va.

Todo esto se me pasaba por la cabeza. Él atendió igual. Pero parece que tenía razón. La doctorcita había chocado con el auto y no podía salir, estaba atrapada. Si bien las cosas con Carolina no terminaron del todo bien, tampoco terminaron mal. Marcos es un buen tipo y es capaz de separar las cosas. Yo sé que él está enamorado de mí, le creo cuando dice que soy la mujer de su vida y confío que quiere estar conmigo para siempre. Pero así, embarazada, hinchada, gorda, despeinada y con menos ánimo que una anciana, cualquiera era mejor que yo. Y ella no era cualquiera. Tenía el plus de ser la ex (¿donde hubo fuego, cenizas quedan?) y aparte estaba buena, lo tengo que admitir. Era un minón, pero también una yegua.

No me iba a quedar atrás y, con la excusa de "por ahí necesitan ayuda" me subí al auto con Marcos. Salimos para allá.
Yendo para allá pensaba.. ¿Estoy apunto de ayudar a la ex de mi marido?

miércoles, 2 de febrero de 2011

Prohibido llamar a un ex

'Jajajajaja, ¿si? No me digas. ¿No te preguntaste si a mi me iba a gustar o no?' - le pregunté.
'Es una decisión tomada.' - casi caprichoso.
'Mirá Marcos, me parece que es un tema muy importante y que lo tendríamos que decidir entre los dos. No pasa por capricho de cada uno. Me parece buenísimo que quieras seguir una especie de tradición, pero a mi el nombre para el nene no me gusta. Para un hombre como tu viejo me parece correcto, pero a estas alturas del siglo ese nombre no da.'
'Pero gorda, sería una re sorpresa para mi viejo, ¿te imaginás la cara cuando se lo digamos? Después cuando jueguen al fútbol, en un parque o le enseñe a pescar o cosas así, típicas de abuelo..'
'Sisisi, todo bien - me empezaba a calentar - pero a mi no me gusta y me parece horrible para un nene chiquito. Aparte, ¿qué sabés si es varón?'
'¡Pero si vos lo dejaste re claro que querías un varón!'
'Bueno, pero hay que ver.. no sé, en una de esas la naturaleza nos da una sorpresa.'

Quedó ahí. No volvimos a tocar el tema para evitar una nueva discusión. Fuimos a ver vidrieras de ropa para bebés, pensando por ahora sólamente en el color blanco para no cometer errores. Pensamos en pintar una piecita y remodelarla para el bebé. Soñamos con autitos, pelotas y un nene trepado a un árbol; pero también en muñecas, cocinitas, maquillajes y una casa repleta de color rosa. Pensamos en chupetes, mamaderas, andadores y pañales. Organizamos futuras vacaciones familiares, armamos un plan económico para sobrevivir y rogamos que los abuelos nos ayuden ante cualquier dificultad. Nos abrazamos, estuvimos mirando mi panza por un buen rato y me mimó con cositas ricas. A la noche cocinó él y cuando estábamos juntando los platos le suena el celular. Como yo estaba cerca, lo agarré, lo miré y se lo pasé. Antes que lo agarre, lo miré de nuevo porque me pareció ver algo que no estaba bien. En la pantallita del celular decía: Llamando.. Carolina.

viernes, 14 de enero de 2011

¿Guillermito?

'Marcos: andá a comprarme un cuarto de bizcochos de grasa. Por favor. Los quiero comer ya, con unos mates dulces. Y con vos.'
'¿Eh?' Seguí durmiendo, dale.'
'No, en serio. Tengo un antojo, mi primer antojo. Mirá si después el bebé sale con manchitas, arrugas, ronchas o algo por el estilo. ¿Te acordás de mi prima, la del interior? Bueno, tuvo un nene y durante el embarazo se antojó de sandía, que no encontró en todo el pueblo y cuando nació el nene, le salieron puntitos negros, como las semillas de la sandía. ¡Un horror! ¿Vos querés eso para tu hijo? ¿Eh? Dale, despertate que alguna panadería debe estar horneando las cosas ya.. Un cuartito de bizcochos te van a dar'.
Renegando, mi hombre se levantó, se vistió, se acomodó un poco los pelos y después de confundirse el peine con el cepillo de dientes, agarró las llaves, bajó y se fue. Yo lo esperé despierta, con la pava en la mesa y unas ganas locas de sacarme el gustito. Media pava más tarde, apareció con medio kilo de cuernitos, bizcochitos y demás. Mi boca era una laguna de baba y el olorcito llegó enseguida. Me levanté, lo abracé y le agradecí.
'No sabés cómo te la voy a hacer pagar a esta.'
'Callate y contame todo' - y mordí el primero. La sensación de sentir el calorcito, el gustito salado y grasoso en mi lengua fue tan reconfortante..
'Pasé por 4 panaderías y ningún panadero me quería abrir. Yo estaba a los gritos diciendo '¡¡¡Mi mujer está embarazada y antojada de bizcochos de grasa, ayuda o no me abre la puerta nunca más!!!' Hasta que en la quinta panadería se apiadaron y me abrieron la puerta. No sé si fue por mi cara de desesperación, cansancio, sueño o resignación, pero me abrió. Y después nada. Pagué y me vine para acá. Todo sea por Guillermito'
'¿Por quién? ¿Guillermito? ¿Quién es Guillermito? ¿El panadero?'
'No. Nuestro hijo. Yo quiero que se llame así: Guillermo Miguel. Como mi papá'.

lunes, 13 de diciembre de 2010

Después de una pelea, lo mejor es la reconciliación

'¿Qué? ¿Qué me dijiste?' - y no me decía nada.
'¿Loca histérica me dijiste?'
'No amor, no quise decir eso. Fue un impulso, perdoname' - y puso carita de perro mojado como la vez que se había quedado arreglando la goma del auto abajo de la lluvia.
'Bien que te gusta esta loca histérica y que una noche, medio en pedo, le propusiste matrimonio y ahora, gracias a esta loca histérica, te vas a convertir en papá y te va a cambiar la vida'. Y me largué a llorar.
'Andá a apagar la ducha y hablemos' - y lo hice.
Medio desnuda me senté en el comedor y él arrancó:
'Tenés razón. Perdoname. Es que ésto es muy difícil para mí también. Nos vamos a tener que aguantar los dos, con cada berrinche, con cada capricho y con cada planteo que nos hagamos. Pero juntos, en todas. Estos rollitos que te pueden llegar a salir son de pura felicidad. Va a ser la celulitis con sonrisa más grande que ninguna mujer va a tener. Vas a gritar de alegría arriba de la balanza porque vas a ver que tu hijo está creciendo bien ahí adentro y gracias a vos'.
Marcos tiene esas frases oportunas en el momento indicado que hacen frenar cualquier revolución hormonal de cualquier mujer.
Después de la mini pelea y mini reconciliación lo agarré de espaldas y le dije: 'Vos hoy te bañás conmigo'. Y así le saqué la camisa y no hizo falta que le saque el jean. Me revoleó la toalla que terminó en el piso, húmeda de algunas lágrimas y así, desnudos, llenándonos de besos abrimos la ducha y nos bañamos juntos.
La noche siguió tranquila. Él abrió vino y yo preferí el jugo. Por primera vez en lo que iba de embarazo me armé una ensalada de lechuga, tomate y huevo y tuve que soportar el olor de pizza de 4 quesos enfrente.
Cuando ya nos habíamos acostado y terminamos la peli, a eso de las 3 de la mañana me levanto al grito de:
'¡Andá a comprarme ya un cuartito de bizcochos de grasa!'

domingo, 7 de noviembre de 2010

Nuevas enemigas: hormonas.

'Tranquilizate, no pasa nada amor.'
'¡Cómo querés que me tranquilice Marcos!.'
'Pero si está todo bien, gorda.'
'¿Ves? Vos también me ves gorda. Todos me dicen que 'uy, cómo viene ese bebé', 'el embarazo es tu mejor excusa, ¿eh?' y cosas por el estilo. Después de la farmacia y del nutricionista, ¡cómo querés que esté bien!.. y tranquila.'
'Pero te dijo que por un mes y medio no era lo más recomendable subir 5 kilos, nada más.'
'Y medio Marcos, 5 kilos y medio. No le puedo estar haciendo ésto a nuestro hijo. Mirá si le hace mal, me siento para la mierda. ¿Tendrá algún problema ahora?.'
'Pero no mi amor. ¡Calmate que es peor así!. Eso le va a hacer mal a él, no comer de más. Aunque si querés podés ir regulándote para que te quedés más tranquila. No hagas actividad física, por las dudas, ya veo que el movimiento o algo así le hace mal, pero entrale más a una ensalada que a una fuente de fideos, por ejemplo.'
'Pero..'
'Si vos lo querés comer, comelo. Eso sí, después no me vengas con 'ay, me pesé de nuevo y catástrofe' o 'me salió otro pozo más' o cosas por el estilo. Porque no me gusta decir todo el tiempo 'yo te avisé', 'te lo dije' o 'y bueno, te lo buscaste'.'
'¡No me entendés! Nadie me entiende. Todos me dicen las mismas cosas, pero ¿y yo? ¿Quién piensa en mí nomás? Vos mi amorcito quedate tranquilo, no lo escuches a papá ni a la abuela, a nadie, que yo sé lo que es mejor para vos.'
'¿Qué? ¡Y a vos quién te entiende, nena! Andá, bañate y bajá unos cambios porque así no vamos a ningún lado eh.'
'Pero más vale, goma. Andá, andá vos que no sabés lo que es tener vida en la panza.'

Abrí la ducha, me descambié y cuando estaba por entrar me grita '¡LOCA HISTÉRICA!'
Ah, no. Nunca le digas eso a una mujer en pleno ataque de hormonas. Todo, menos eso.