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lunes, 13 de agosto de 2012

Alguien tiene que ceder.

No sé si mi vieja me estaba haciendo una joda, le habían cambiado la pastilla o había pirado, pero la cuestión es que eso era lo que ella pensaba. Cuando se fue no me quedé para nada contenta ni conforme con la charla que habíamos tenido entonces decidí hablar con alguien que esté de mi lado y me siguiera con el bardeo.

- 'Marito, en 5 minutos en casa. Hay crisis. Venite que yo pongo las masitas para el té.'

No hicieron falta más de 4 minutos y medio que ya me estaba tocando el portero.

- 'Tengo las orejas listas. Atacá.'
Y le conté todo. Desde el principio hasta la charla de recién con mi mamá. Nos hicieron falta más de medio kilo de masitas secas y una jarra y media de té. Cuando terminé me lo encontré con su camisa impecable lleno de miguitas, de piernas cruzadas sosteniendo el té y los anteojos más top del momento sobre su nariz.
- 'Al final es una loca mala peor que las que me cruzo yo. Yo te entiendo perfectamente a vos, mi amor. ¿Y tu vieja? ¡Cualquiera! En lugar de ponerse de tu lado, la defiende a ella sabiendo todas las cosas que te pasaron. Pero no me parece que le digas a Marcos que hable con la familia y hacerte cargo de sus problemas. ¿Acaso ella lo haría por vos? Mira Saru, hay cada una en la que yo no confío nada y esa mina nunca me terminó de cerrar. Pero, ¿por qué no hablás con Lau que es o era amiga de la turra? Ella la debe conocer más que todos nosotros. Bueno, que Marcos no, pero..'
- '¡Ay Mario, qué guacho! No me hagas acordar que Marcos estuvo con ella porque me da a pensar que debemos tener algo parecido para que él nos elija a las dos.'
- 'Sara, mirate lo que sos y decime qué tenés de parecido a ella. Mirate lo que sos, mirate. Vení, vamos al espejo. Una diosa del olimpo, madre, con un excelente trabajo, independiente, mirá esa cara y ese pelo. ¡Hace poco pariste, nena! ¿Quién se recupera así de rápido de una situación como esa? Hasta yo te doy, mamita, con eso te digo todo. Dale nena, dejate de joder. Tenés que tener seguridad en vos misma, ¡dejate de joder!'

Esas cosas me hacía falta escuchar. Mario tiene eso que dice lo justo en el momento justo y sin que yo se lo pida. Tiene un gran poder de percepción y es un gran tipo. Después de llenarme de elogios dejamos de hablar de lo mío y le dije que me ponga al día con sus andanzas y ese mundo de glamour que ya había dejado atrás. Mario seguía en las pistas, conociendo mejores chongos que los que yo pude cruzarme alguna vez y yendo al shopping todos los sábados, sin dejar de lado el té con sus amigos y amigas. Me contó cada detalle del buen sexo casual que tiene, de lo último en decoración y me tiró algunos tips para el invierno. Ese mundo del que alguna vez formé parte sigue siendo tan genial como cuando me entregué al formalismo y la relación seria.

Después de unas horas que estuvo con los nenes y rogándome ser padrino de alguno de los dos se fue dejándome un aroma de perfume exportado en todo el departamento que Marcos reconoció al instante cuando llegó del trabajo.

- 'Gorda, estuve pensando en todo lo que pasó. ¿No te parece que deberíamos hablarle a los padres de Carolina y ponerlos al tanto de todo? No sé, me parece, ¿qué opinás vos?'

Volvía el fantasma de Carolina a invadir mi ambiente y encima mi marido opinaba lo mismo que mi vieja. ¿Estaré siendo muy hija de puta? ¿Es inseguridad o querer proteger lo propio? ¿Al final la voy a tener que ayudar? ¿O Marcos tenía segundas intenciones y me estaba agarrando de boluda? No sabía qué pensar, pero la cara de orto que le puse a Marcos lo dijo todo. No quería volver a pelearme por esta mina. Iba a tener que resolverlo de alguna manera, pero ya estaba podrida de todo esto.

- 'Si, tenés razón. Algo vamos a tener que hacer.'

sábado, 31 de diciembre de 2011

Balance de fin de año

No puedo cerrar este año sin hacer el tradicional balance. Parece automático, pero cuando llega el final de año es inmanejable la necesidad de hacer un balance, mes a mes, de todo lo que te pasó. Sin pensarlo ni por un segundo tengo que decir que fue absolutamente positivo. Con el sólo hecho de bajar la mirada a la panza me basta para confirmarlo. No hay mejor regalo, ni mejor año ni mejor sensación que la de llevar a tu hijo en la panza y ser desde el día 1 la responsable de todo lo que le pase. Es tanto el amor que te genera ese ser que la vida te cambia por completo desde el día en que te enterás. La familia cambia, los tratos, la mirada, y hasta la manera en que uno sale a la calle. Te sentís protegida, terrenal pero flotando, los problemas cotidianos quedan en un segundo plano.

Si me siento y me pongo a recordar las cosas más importantes de ese año que se iba no podía descartar a la doctorcita gato, el accidente de Marcos, los primeros meses del embarazo, mi ataque esquizofrénico del quinto mes y demás disgustos que tuve que afrontar. Fue sin dudas un año de mucho aprendizaje, madurez y cambios personales y de personalidad. Entendí por dónde tengo que seguir mi camino y desistí de aquellos rasgos juveniles e inmaduros que todavía mantenía. Valoricé la reunión familiar, la salida con el amigo y las noches en pareja. Aprendí dónde tengo que descargar toda mi energía y en qué cosas realmente importantes tener la cabeza ocupada. Me rompieron esa cajita de cristal en la cual estuve viviendo por más de 20 años y fue de un piedrazo que rompió todo, no se fue cortando de a poco. De repente me encontré madre, esposa, hija y amiga. Pude mantenerme firme en un hospital y luché por lo que creía mío. Conseguí administrar mejor mis gastos y comprendí que a pesar de las distancias y todo lo que pueda suceder, la familia está siempre que la necesitamos.

Me arrepiento. Me arrepiento de haberle causado daño a mi hijo en sus primeros estadíos de vida. De haberle provocado tantos problemas y preocupaciones a Marcos, mi familia y mis amigos. De no haberme dado cuenta antes de cómo son realmente las cosas y cuál es un verdadero problema y cuál una simple controversia.
Me arrepiento de no agradecer lo suficiente ni demostrar la felicidad y plenitud que siento día a día. De no responder de la manera en que actuaron conmigo y de haber disfrutado tan poco de los buenos momentos. Me arrepiento de haberle dado tanta bolilla a la pelotudez que me rodeó.

Agradezco. Agradezco a todos los que me acompañaron en el año e hicieron de mi un buen alumno que aprendió sus lecciones. A la vida por darme el don de ser madre y poder compartirlo con el amor de mi vida y la mejor familia que me pudo tocar. Agradezco la paciencia de mi marido, la templanza de mis viejos y la sensibilidad de Laura. Gracias a todos los que no se lo dije lo suficiente y sobre todo al bebé, por hacerme tan tan feliz.

Que al momento de levantar la copa y brindar con la familia sientan todos la misma felicidad que sentí yo en ése chinchín del 31. Ése es mi deseo para ustedes.

Infinitas gracias a ustedes, lectores, a los cuales no me canso de agradecer por seguir y seguir leyendo a esta loca disparatada que lo único que hace es quejarse de todo. Muchas gracias, ustedes también me hacen feliz. Los quiero y ¡muy feliz 2012!

domingo, 19 de junio de 2011

Cambios de actitud: cuando la desesperación suplanta la alegría.

No me dejé de tocar la panza por lo menos por 3 horas. Estaba como excitada. Realmente la fantasía de niña se hacía realidad. Nada de globos, almohadones o camperas enrolladas: tenía un bebé adentro mío, formándose, gestándose. Estaba dando vida. Una vida que iba a cambiar la mía, que me iba a llenar de alegría, orgullo y preocupaciones. Una vida que dependía de mí, de lo que haga, no haga, le enseñe o le dé de comer. Una vida que todavía no sabía si iba a jugar a las muñecas o con los autitos y llenarse de barro. Una vida que pasar a buscar por el colegio y revisarle la tarea, que le iba a tener que pegar algún grito cuando se mande una macana y que iba a llorar con la tormenta. Una vida que me va a acompañar en todo momento y que me va a pelear cuando sea adolescente. Será punk? ateo? biker? científico? ciclista? profesor? albañil? rockero? pintor? soñador? creativo? tímido? tendrá problemas? nacerá bien? Miles y miles de preguntas se me cruzaban por la cabeza y no era capaz de responder siquiera una. La ansiedad y la adrenalina me exhaltaban por las noches y a veces terminaba llorando inconsolablemente justamente por este miedo, esta incertidumbre. El solo hecho de pensar que en cierto punto todo iba a depender de mí me ponía nerviosa, inquieta, indomable.

A partir de que noté el crecimiento en la panza empezó la época más difícil en cuanto a lo psicológico. Noches y noches enteras leyendo de maternidad y asistiendo a charlas y hablando con madre del tema. La desesperación para que esté todo bien me llevaba al insomnio y me dejaba sin uñas. Marcos intentaba tranqulizarme, decirme que así era peor y no entendía por qué estaba así. Buscaba maneras de ayudarme, hacerme entrar en razón de que estando así iba a provocar yo misma lo que quería evitar a toda costa. La salud del bebé me preocupaba siempre. Dejé toda clase de comida grasa y no-recomendada por el médico. Bajé kilos que no tenía que bajar y eso me descontroló.

Mario, Laura, mis viejos, mis suegros y los médicos me repetían y repetían que tenía que bajar unos cuantos cambios o sino le podía llegar a pasar algo al bebé. Dejé de trabajar, me instalé en mi casa, esperando que se cumplan los 9 meses. ¿Qué habrá sido lo que me llevó a semejante cambio de vida? El instinto maternal se había traslocado y, si seguía así, la cosa no iba a terminar nada bien.

sábado, 4 de junio de 2011

¡Tengo panza! (y no es por los canelones)

Mario se tomó todo el café que yo no me podía tomar y yo preferí unos jugos de frutas. Me contó todo en un par de horas: viajes, ciudades, fiestas, chongos, sexo, trabajo, moda. ¡Cómo lo extrañaba! Estaba necesitando de una complicidad así con alguien desde hacía tiempo. Me contó lo último en zapatos, lo último en bebidas, lo último en decoración y en tecnología. Me hizo una lista detallada de cada chongo que había conocido en esos hermosos lugares del mundo y describió a cada uno con tanto detalle que hasta me puse medio cachonda yo también.

Después de 4 horas y media quiso comprarle algo al baby y entonces nos fuimos de shopping. Ir de compras con Mario es como tocar el cielo con las manos. Sabe a dónde ir, con quién hablar y qué pedir. Chicas: no saben lo bien que viene un amigo gay en la vida, ojalá tengan la misma suerte que yo. Cuando no sabés qué ponerte, lo llamás y te soluciona todo y vos matás esa noche.
Nos probamos de todo en todos los locales que nos parecieron adecuados y dejamos para lo último los cochecitos, cambiadores, mamaderas y escarpines. Yo hasta ese momento no había comprado nada pensando que todavía había tiempo, pero cuando caí en la cuenta, la lista no terminaba más. Una vez más lo tenía a Mario salvándome las papas. Empezamos a tachar mentalmente algunas cosas que ya, gracias a la madrina, iba llevando en enormes bolsas coloridas.
Es increíble lo boludas que son las vendedoras de artículos de bebés. Está la que te habla como un perrito, que te toca la panza, que te cuenta de la caca y los vómitos y hasta métodos para hacer que se tire pedos. Tenemos a la abuela que te cuenta todas sus experiencias con hijos, nietos y bisnietos y vos tenés que estar como 40 minutos por un par de mantitas. Amorosas todas, con todo el amor y la paciencia del mundo, pero por favor, ¿algún día iba a terminar así yo también? Igual ninguna peor como la renegada que dice que no es nada placentero, que te levantás a la madrugada todos los días, que cuando lloran son insoportables y bla bla bla. 5 minutos duramos en ese local, con Mario cruzamos miradas y nos entendimos.

Cuando volvía para casa pasé por un espejo y me empecé a mirar detalladamente. Me quedé helada: me estaba empezando a crecer la panza y con forma, no sólamente por los canelones y las facturas de la oficina. No pude evitar llorar ahí mismo de la emoción y Mario sacó su pañuelo italiano de seda y me lo dio. Él se hacía el duro pero tenía los ojos vidriosos.
En el auto volvimos hablando de cómo había cambiado todo en tan poco tiempo y recordamos viejas anécdotas juntos. Terminamos llorando a moco tendido y cuando entramos Marcos dijo: 'Uy, y yo que pensé que te iba a hacer bien'. Y de las lágrimas pasamos a la carcajada en un segundo.

viernes, 20 de mayo de 2011

El chongo perfecto

Mario es de esos que nunca sabés dónde estarán ni qué estarán haciendo. Puede estar en Londres tomando un té o en Praga en pleno otoño. Te puede pasar a buscar para ir a comer un chori en un puestito rápido o llevarte al mejor restaurante de París. Puede comer pochoclos descalzo en tu sofá o pagar un recorrido en bote por todo Venecia.

Mario se pierde en los aueropuertos del mundo o te despierta a las 4 de la mañana estando en una fiesta con los garotos del Brasil en pleno lunes. Te hace el regalo perfecto para tu cumpleaños, te conoce todos los gustos y sabe qué escribirte en los momentos más duros de tu vida. Se lleva bien con tu mamá, tu papá lo adora, cocina y sabe combinarse los colores de la ropa. Caballero, te abre la puerta del auto, te pregunta si necesitás algo o qué planes tenés para el fin de semana. Te lleva a viajes relámpagos, paga los mejores hoteles y te ofrece zambullirte en las playas del caribe por sólo 3 días, all inclusive. No tiene problemas con unas vacaciones en Las Toninas con tus viejos y el perro, pero nunca le ofrezcas un chocolate que no sea negro.

Mario mira películas lloronas con vos, te calienta los pies cuando se salió la sábana de la cama y te levanta con un rico olor a café y tostadas calentitas. Te espera las 4 horas de shopping y no le da lo mismo rojo que negro, te dice cuál va mejor con tu color de piel y con los zapatos que te acabás de comprar.

Mario es el chongo perfecto. Pero el chongo para ellos. Mario es gay y acababa de llegar a Argentina después de meses sin pisar su tierra natal. Me estaba tocando el timbre y me estaba invitando a tomar algo, light y sin gas, para ponernos al día con todas nuestras novedades.

'Me imagino que voy a ser la madrina, ¿o no?' salió gritando. Ahí estaba, de vuelta, Mario, mi mejor amigo gay.